La salud mental en la ciencia: lo que no se ve detrás de una bata blanca.
- Johan Sebastian Castañeda Ladino
- 6 ene
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 13 ene
Este texto aborda experiencias sensibles relacionadas con la salud mental. Si te sientes identificado o removido por su contenido, te invito a buscar apoyo profesional y no atravesarlo en soledad.
Quisiera compartirles un pequeño proyecto en el que estuve involucrado algunos años atrás, llamado @triptofanarte (Nombre en Instagram), un arte que sensibiliza. Un proyecto de más de 80 personas que buscan sublimar sus más íntimos conflictos y trascenderlos a la belleza que nos entrega el arte y así lograr centrarnos en el presente con una historia única detrás de cada una.
La obra nace de la necesidad de contar algunas experiencias personales y tiene como fin resaltar la importancia de la salud mental en el ámbito científico y de los grandes retos en los que aún hay que trabajar. Además de expresar algunos pensamientos de estudiantes y docentes en esta área. También recoge experiencias de estudiantes y docentes que han vivido estas realidades. Esta experiencia marcó profundamente mi forma de enseñar. Hoy creo que aprender ciencias no debería implicar perder la salud mental, la curiosidad ni la paz. Por eso, en mis clases trabajo no solo el contenido académico, sino también la autorregulación, la confianza y el bienestar emocional como parte del aprendizaje.
La historia comienza con un proceso de reflexión y una pausa necesaria en mi vida. Cuando finalicé mis estudios de maestría en ciencias, navegaba en un barco en peligro de caerse, sin un norte claro. Era desafiante continuar avanzando sin tener un ancla que te motivara. A pesar de hacer cosas que creía que me gustaban, mi cuerpo y mi mente no respondían de la misma forma. Poco a poco, fue inevitable caer en una profunda oscuridad, sin todavía encontrar respuestas, oportunidades… sentía miedo, pues era muy exigente conmigo y pensaba que no podía dar la talla y que iba a perder mi trabajo y mis estudios a raíz de ello, que todo se iba derrumbando hasta llegar a un punto de terminar con absolutamente todo. Allí estaba yo, mientras miraba una foto de aquel payaso triste y observaba cómo la profundidad de sus lágrimas querían contarme una historia, de cómo un payaso, a pesar de que él sea el motivador, quien quiere ver a la gente feliz y cambiar el mundo, así que decidí interactuar con él dibujándolo y plasmando sus colores a medida que me quedaba mirando su rostro.

Durante mi carrera, me di cuenta de que cuando miraba hacia los corazones de los demás, había amigos, colegas y profesores cuyas almas gritaban también dentro de sí mismos. En el mundo de la ciencia vivimos en un ambiente de frustraciones, de egos, de siempre estar pensando en darlo todo, estudiar y dar el 200%, el ser alguien destacado, estar ansioso semanas antes de un seminario o una charla importante, estar escribiendo constantemente informes, publicaciones, buscar fondos, porque aquí en mi país al gobierno le importa poco o nada destinar más recursos y valorar la ciencia. Un mundo lleno de tanto sobreesfuerzo donde es casi inevitable que las sombras de la depresión y la ansiedad salgan a flote como hienas buscando personas cansadas, que tal vez, hace mucho tiempo no se dedican tiempo a sí mismas, a su pareja, si es que no han roto su relación, o a su familia. Destinamos más de una década de nuestras vidas preparándonos para el mundo académico con maestrías o doctorados para luego ver nuestras cicatrices y darnos mil golpes en la cabeza porque la luz al final del túnel es una vida con muy bajas oportunidades.
No quiero sonar una persona desagradecida porque afortunadamente estoy aquí gracias a Dios, mi familia, amigos, personas y tutores que me ayudaron a sobrevivir durante mi carrera (aunque en algunos momentos me sentía solo navegando contra la corriente). Desgraciadamente, no puedo parar de reflexionar en medio de mi tristeza y quería saber si otras personas sentían sensaciones parecidas. Miraba noticias y publicaciones en foros y blogs y me encontré con una cruda realidad. Tristes desenlaces de estudiantes y docentes que eligieron quitarse la vida. Notas de suicidio pidiendo perdón a sus seres queridos por perder su lucha a raíz de que un tutor lo haya abandonado en su proceso, profesores infelices de sus estudiantes y de sí mismos. Tan solo leer cada palabra me helaba la sangre y veía cómo trataba de empatizar con mis colegas a pesar de la distancia. He vivido también esa experiencia de perder a alguien que decidió cortar sus lazos con este mundo terrenal y, a pesar de que estas decisiones son tan personales y pueden "no llegar a tener un culpable", confieso que me arrepiento de no haberla ayudado. Ahora debo vivir con el recuerdo de una foto solitaria colgada en mi corazón, en el profundo silencio. Una herida que siempre sangrará.
La salud mental en la ciencia es algo que debería ser discutido más a menudo en ambientes académicos. Recuerdo un día en una reunión donde escuché que los procesos depresivos dentro de la ciencia son “comunes”. ¿De verdad estamos condenados a sentirnos frustrados, ansiosos o tristes? ¿Dónde quedó ese sueño de nuestro niño interior que despertó su curiosidad por conocer lo desconocido, o de alguien que quiere encontrar la cura contra una enfermedad para salvar vidas? Sé que la vida científica implica disciplina, constancia y cuestionarse constantemente, pero detrás de un científico hay también un ser humano que quiere vivir del presente, disfrutar de un delicioso postre o de sus mascotas, a veces escondido dentro de una coraza a prueba de balas de comentarios de tutores que tal vez ni dedican tiempo a sus estudiantes, y de investigadores que viven sobrecargados de responsabilidades y frustraciones, deseando compartir más con sus seres queridos ¿Qué sentimientos hay de verdad dentro de tu alma?

En el reverso de este plato hay escritos pensamientos personales y de compañeros, colegas y profesores que han experimentado alguna vez algún pensamiento que trajo preocupación, ansiedad, frustración y decepciones. Tal vez un plato pueda ser el inicio de que esto empiece a ser un tema de conversación, que la gente pierda el miedo a alzar la mano y pedir ayuda, que esté bien decir no sé, sentirse cansado, parar un tiempo y luego retomar. El tutor y el estudiante deben ser, aparte de la relación académica, buenos amigos. Si eres estudiante, docente, investigador o profesor de la ciencia, te invito a que compartas un café con tus colegas, llores, sonrías, perdones si es necesario y formes un verdadero vínculo disfrutando y aprendiendo de cada paso que se dé. Quizás, querido lector, puedas ayudarme y podamos, en sociedad, evitar el crecimiento de nuestros peores demonios. Creo que como sociedad, tenemos responsabilidad de cuidar de los nuestros y de ser empáticos con los demás.
Hoy sigo creyendo que la ciencia necesita rigor, pero también humanidad. Que aprender puede ser exigente sin ser destructivo, y que acompañarnos es parte esencial del camino. ¡Date un tiempo para cerrar tus ojos y disfrutar la brisa del viento que te rodea; eso, querido amigo, es la verdadera vida!
Con un fraternal abrazo.
Johan Sebastián Castañeda.
Por una mejor salud mental en el mundo científico. #SaludMental#BienestarEmocional #Ciencia #PhD #MSc #Universidad

Comentarios